El sábado tomó sabor a dulce de antaño, ese que la mamama preparaba con todo su cariño, que con sorpresa recibías y una sonrisa de oreja a oreja.
De China se vistió la mesa, con vista a la muralla y el "pack" de cristalina agua. Los dientecitos buenmozos, formaditos como soldados de plomo, se mostraban a diestra y siniestra ante el festín de sus pares contrarios, sacando lo mejor de sí, sin dejar de mirarse, bailando a ritmos distintos pero bien sincronizados.
Se siente como agua bendita, como arcoiris en la densa niebla, como vientecito navideño en pleno agosto y déjenme decirles que se siente bien.
Un abrazo, un beso y sólo ésto...
Hasta mañana querido diario, llegó la hora de dormir.
Bustric

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